Bienvenidos a FailAgain, una newsletter / podcast sobre crear contenido y estrategia.
Nunca había sido tan fácil convertir una idea en contenido. Y justo por eso, lo difícil ha cambiado de sitio: ahora el reto no es producir, sino saber qué merece la pena producir.
Te recomiendo que escuches la versión extendida en formato pódcast de este contenido.
Una nota de voz puede convertirse en un post.
Un borrador flojito puede convertirse en una newsletter.
Una charla con tu pareja puede ser el guión de tu próximo vídeo.
Hasta una pregunta de tu audiencia puede transformarse en una pieza completa, en un recurso descargable o en la semilla de un producto.
Esto es brutal. Nos da muchísimas opciones para crear y crecer.
Pero también es una trampa muy sutil, muy elegante, en la que caemos constantemente (yo el primero).
Crear más no es construir mejor
La inteligencia artificial te permite crear más contenido en menos tiempo. Y sí, esto es verdad. Pero es una media verdad, de esas que son perfectas para engañarte a ti mismo.
Puedes publicar más piezas, abrir más canales, probar más formatos, sacar más posts, más vídeos, más newsletters, más mierdas con títulos prometedores… y aun así no estar construyendo nada sólido.
Porque la IA no arregla un proyecto que no sabe lo que quiere ser.
El problema de la mayoría de creadores no es que les falten herramientas. Esa sensación de necesitar la última herramienta o el último modelo solemos generarla los que nos pasamos el día probando cosas (soy parte del lío, sorry). Y tampoco suele ser un problema de falta de ideas.
El problema está más cerca y es menos cómodo de vender:
No tenemos claro qué estamos construyendo.
No sabemos a quién le hablamos, qué territorio queremos ocupar, qué parte de nuestra experiencia merece la pena convertir en metodología, o qué publicaciones son píldoras sueltas y cuáles forman parte de algo más grande.
La IA multiplica lo que ya tienes
Que quede claro: si tienes problemas de base, la inteligencia artificial no los resuelve, los multiplica.
Si tienes criterio, te da velocidad. Pero si tienes caos, te da más caos.
Un caos más limpio, más rápido y mejor formateado... pero caos al fin y al cabo.
La IA puede escribir, ordenar, resumir, investigar, transformar una idea en varios formatos o conectar materiales dispersos.
Lo que no puede hacer es decidir por ti.
No conoce tu forma de ver el mundo. No entiende por qué algo te importa. No tiene tus años de oficio ni ha vivido tus fracasos. No conoce la relación que has construido con tu audiencia. Y, sobre todo, no sabe cuándo una frase suena a ti y cuándo suena a consultor de LinkedIn después de tres cafés.
Todo eso es trabajo tuyo.
El prompt con el que todo empieza a torcerse
El peor uso de la IA es también el más habitual: “hazme un post sobre X”.
Sin contexto.
Sin experiencia propia.
Sin materiales previos.
Sin una idea de fondo.
Sin una intención clara.
Y pasa lo que tiene que pasar: la IA te devuelve una pieza correcta, ordenada, razonable... y completamente anodina.
Cualquiera que la lea de pasada la olvida a la misma velocidad.
La movida negativa no es que la IA escriba mal. Eso sería fácil de detectar. El problema es que escriba lo suficientemente bien como para que publiques algo que no dice nada y que ni siquiera se parece a lo que tú dirías.
Y si repites esto muchas veces, vas entrenando a tu proyecto para sonar como todos los demás. Acumulas ese tipo de publicaciones y, cuando llegue el momento en que los modelos entiendan mejor cómo escribes, el contexto que les habrás dejado no va a valer nada.
Tu materia prima tiene que seguir siendo tuya
Entonces, ¿cómo empezamos a ser más coherentes?
Lo primero: la materia prima tiene que seguir siendo nuestra.
Y la mejor materia prima no es un prompt larguísimo que a otra persona le funcionó genial.
Son tus notas, tus ideas guardadas, tus conversaciones con clientes, las preguntas que te ha hecho tu audiencia, tus ejemplos reales, tus clases antiguas, tus borradores a medias, tus obsesiones, tus errores, tus contradicciones.
Todo eso que tienes desperdigado en Notion, en notas del móvil, en audios y en mensajes viejos. Hay que agruparlo y convertirlo en la base sobre la que crear. Ahí están las pepitas de oro.
La IA te ayuda a ver ese material en bruto, a encontrar patrones, a conectar ideas que estaban separadas y a hacer transformaciones grandes: de una publicación a un recurso descargable, de un recurso a una clase, de una clase a un producto.
Pero tú le tienes que dar algo. Si no hay materia prima, la IA solo rellena.
Y rellenar no es crear.
Por qué los prompts ya no son tu ventaja
Durante una temporada parecía que la ventaja era tener un repositorio de prompts listo para copiar y pegar. Prompts para escribir, para vender, para resumir, para montar un calendario de contenido...
Pero un prompt no deja de ser una plantilla. Es una copia de una copia que otra persona también tiene. Si lo copias, lo pegas y esperas un resultado distinto al que le da a los demás... no va a pasar. Tus herramientas y las de cualquiera se igualan.
Lo que de verdad diferencia es otra cosa: personalizar al máximo lo que le pides a la IA y, sobre todo, desarrollar criterio para darle feedback.
Saber poner reglas, saber qué no aceptar, detectar cuándo una respuesta es correcta pero inútil, cuándo le falta contexto o cuándo el resultado está tan limpio y aséptico que no encaja contigo.
La IA te obliga a mirar tu propio trabajo con más claridad. Tener criterio y saber llevarlo a estas herramientas es lo que te separa del resto de creadores que usan IA.
Así se ha hecho esta newsletter
Te lo cuento sin miedo ni verguenza: esta newsletter también ha pasado por mi propio sistema de IA.
La idea, la tesis y el criterio de lo que quiero que te lleves son míos. La inteligencia artificial me ha ayudado a ordenar los materiales, a detectar conexiones con contenidos antiguos, a limpiar una estructura que yo le había pasado un poco entremezclada y a empujar el texto hasta darle la forma con la que suelo publicar.
Usa la IA para pensar mejor sobre lo que quiero construir.
Pero para llegar hasta aquí he tenido que equivocarme mucho. He pasado por fases en las que usé fatal la IA, hasta el punto de publicar cosas que no me representaban. De ahí salió la pregunta: ¿cómo hago para que la IA me acompañe y me potencie en lugar de convertirme en un borrón de mi mismo?
La respuesta fue desarrollar un sistema junto a mi compañero Víctor Millán.
Un sistema de archivos que funciona como contexto: aislado, agnóstico a la herramienta de IA que use y construido sobre una base estable que puede crecer y moverse a la velocidad del proyecto. Una fuente de verdad de la que la IA absorbe información para ser útil en mi proyecto, y no en el de cualquiera.
Si eres capaz de aportarle esa capa de individualidad, un contexto 100% tuyo, los resultados cambian por completo.
Tu propio sistema para que la IA trabaje para ti
Todo esto es justo lo que enseñamos en Más listo que la IA, la formación que he creado con Víctor Millán.
La idea es que montes tu propio búnker: un sistema operativo donde acoplas la IA a tu proyecto, y no al revés. En lugar de adaptarte tú a la herramienta, haces que la herramienta trabaje con tu contexto, tu voz y tu criterio.
En esta edición hemos incluido tres sesiones de apoyo repartidas a lo largo de un mes. No queremos que solo veas la formación y te encaje todo en la cabeza: queremos que la pongas en marcha. En esas sesiones resolvemos las dudas más frecuentes y puedes plantearnos el problema concreto de la fase en la que estés. Ahí es donde está el valor real de aplicar todo esto.
Si tienes la sensación de que las herramientas de IA se están apoderando de ti y no eres tú quien las maneja, esta formación es para ti.
El precio sube el 8 de junio. Si entras antes de esa fecha, te llevas el precio más bajo que va a tener hasta ahora y unos cuantos bonus ;)
Un abrazote y nos vemos la semana que viene.
Guillermo
P.D. La pregunta de hoy no es de coña: ¿estás produciendo más o construyendo mejor? Responde a este email y cuéntame en qué punto te encuentras. Leo todas las respuestas.














