Esta semana voy a escribirte un poco más de lo normal.
Voy a escribirte más porque vamos a abrir una nueva edición de Más Listo que la IA, la formación que hacemos Víctor Millán y yo para aprender a usar inteligencia artificial con un poco de criterio, algo de método y esa pizca de pillería que también nos caracteriza.
Prefiero decirlo así, de frente: esta semana voy a vender.
No voy a fingir que no estoy vendiendo.
No voy a esconder que esto es una campaña comercial debajo de una montaña de “contenido de valor”.
Y no voy a hacer como si cada correo hubiera nacido de una epifanía espontánea cuando, en realidad, forma parte de una secuencia pensada para que una persona pueda decidir si entra o no entra en la formación.
Pero precisamente por eso quería escribir este correo antes de empezar.
Porque una cosa es vender y otra muy distinta es convertir la venta en una persecución.
Harto de humo y cuentas atrás
Durante estos días he estado pensando cómo ordenar esta campaña y me he dado cuenta de que el bloqueo no estaba en escribir los emails. Eso, más o menos, termina saliendo.
El bloqueo estaba en otra parte: en decidir qué tipo de conversación quiero tener contigo durante una semana en la que voy a aparecer más de lo habitual en tu correo electrónico.
Podría hacer lo clásico.
Un primer email de “el mundo ha cambiado”. Otro de “esto es una oportunidad histórica”. Otro de “mira todo lo que incluye”. Y luego ya sabes: preguntas frecuentes, últimas 24 horas, última llamada, ahora sí que sí, cierro carrito, esta vez no es broma.
Todo eso que sabemos que funciona. O que suele funcionar.
Pero me da bastante pereza.
Y, sobre todo, no encaja demasiado con mi forma de trabajar.
No porque vender me parezca mal. Al revés. Vender me parece una parte fundamental del trabajo creativo.
Lo que me da pereza es esa forma de vender que parece diseñada para que las dos partes terminen incómodas: quien vende, porque siente que está apretando demasiado; quien recibe, porque siente que le están intentando colocar algo con calzador.
Y Más Listo que la IA no es una compra de pim pam.
Cuesta 249 euros.
Se puede pagar en tres plazos, sí, pero sigue siendo una decisión que merece pensarse. No es “me compro este cacharrito porque hoy estoy animado”.
Es una formación. Es tiempo. Es atención. Es confiar en que lo que hay dentro va a ayudarte a trabajar mejor, pensar mejor y construir un sistema más sólido para usar inteligencia artificial sin convertirte en su becario.
Por eso no quiero que nadie entre por nervios.
No quiero que alguien compre porque siente que se queda fuera, se agobia, paga y ya veremos.
Quiero que, si alguien entra, sienta que ha tomado una buena decisión.
Y si no entra, también.
Esa frase es importante para mí.
Porque vender bien no debería consistir en reducir la capacidad crítica del lector hasta que compra.
No debería consistir en sintetizarlo todo en un punto de dolor, apretarlo hasta que moleste y esperar a que la persona pague para dejar de sentir presión.
Creo que vender bien debería consistir en darte mejores elementos para decidir.
Y en que, después, puedas sentirte bien con la decisión que has tomado.
El precio, en grande
Cuando alguien se plantea pagar 249 euros por una formación, las preguntas importantes no deberían ser “¿cuánto tiempo queda?” o “¿qué bonus voy a perder si no pago a tiempo?”.
Al menos no solo esas.
Para mí, las preguntas importantes son mucho más terrenales:
¿Necesito saber mucho de inteligencia artificial para entrar?
¿Puedo hacerlo a mi ritmo?
¿Cuánto tiempo voy a necesitar para aplicar todo esto?
¿Tendré acompañamiento durante el proceso?
¿Es una suscripción o un pago único?
¿Tiene sentido si trabajo por cuenta ajena?
¿Es realmente para mí o estoy comprando otra cosa que luego se quedará muerta en una carpeta?
Preguntas de personas reales.
Preguntas que yo también me hago cuando compro formaciones. Y más todavía cuando son una inversión potente, de dinero y de tiempo.
Esas son las preguntas que quiero resolver esta semana.
No de pasada.
No escondidas al final en una sección de preguntas frecuentes, como quien barre migas debajo de la alfombra.
Quiero que sean el centro de la conversación.
Porque si una campaña no responde a las dudas reales de la persona que está valorando comprar, creo que no está vendiendo. Está generando ruido alrededor de una oferta para que, entre el humo, alguien termine entrando medio perdido.
Y no quiero eso.
Mi intención con esta secuencia de correos no es repetir “compra, compra, compra” con distintos sinónimos.
Quiero que cada correo tenga una función.
Uno irá a explicar por qué esta formación no va de saber mucho sobre IA, sino de recuperar criterio en un momento en el que todo el mundo tiene herramientas, pero no necesariamente dirección para usarlas.
Otro irá a aterrizar cómo se aplica esto sin convertirlo en una tarea infinita en Notion, en Drive o en cualquiera de esas pequeñas tumbas digitales donde cada uno acumula sus buenas intenciones.
Otro servirá para explicar para quién tiene sentido y para quién no. Porque no, no creo que esto sea para todo el mundo, y decirlo me parece más honesto que venderlo como si fuera una vitamina universal.
Y cerraré con otro correo para resolver dudas prácticas: precio, formato, acompañamiento, qué incluye la formación, cómo se puede pagar, los plazos y, sobre todo, la decisión final.
La idea es sencilla.
Si te interesa Más Listo que la IA, estos correos deberían darte el contexto suficiente para tomar una decisión con claridad.
Y si no te interesa la formación, al menos podrás leerlos como una especie de despiece en directo de una campaña de venta que intenta no tratar al lector como si fuera idiota.
Vas a poder ver cómo intento plasmarlo.
Y creo que eso también puede interesarte como creador, como profesional o como persona que quizá en algún momento tenga que vender un producto, un servicio, una idea o un proyecto.
No prometo que vaya a salir perfecto.
Seguramente habrá momentos en los que me pase de prudente. Otros en los que quizá me quede corto. Y otros en los que tenga que recordarme que vender no es pedir perdón por existir, que es una de esas cosas en las que algunos caemos demasiado.
Pero sí sé lo que quiero evitar.
No quiero escribir una campaña basada en FOMO barato.
No quiero que el argumento principal sea “corre, que esto se acaba”.
No quiero apoyarme en la urgencia como si la persona al otro lado no pudiera razonar si no le pongo una cuenta atrás delante.
Aunque habrá urgencia, claro. Hay una apertura, una fecha y unas condiciones concretas.
Pero no quiero que ese sea el motivo por el que alguien entre.
No quiero que la única idea que quede después de todos estos correos sea “compra antes de que suba el precio”.
Si después de una semana de emails esa es la única idea clara, la campaña no era una campaña.
Era una alarma en tu móvil con enlaces.
Lo que quiero intentar es otra cosa.
Quiero explicarte bien qué problema resuelve Más Listo que la IA, para quién tiene sentido, qué cambia cuando empiezas a usar inteligencia artificial con método en lugar de ir saltando de herramienta en herramienta, y por qué creemos que esta formación puede ayudarte a trabajar mejor si estás en ese punto.
No desde la presión.
Desde el encaje.
Desde la idea de que comprar también puede ser una decisión razonada, no una rendición después de recibir 300 impactos de venta.
Así que este correo es un aviso y, a la vez, una especie de contrato.
Esta semana te voy a vender.
Pero voy a intentar hacerlo enseñándote la estrategia, respondiendo dudas reales y respetando tu capacidad de decisión.
Si entras, quiero que sepas por qué entras.
Si no entras, quiero que sepas por qué no.
Y si por el camino te sirve ver cómo se piensa una campaña por dentro, aunque no compres nada, entonces este experimento ya habrá merecido un poco la pena.
Un abrazote















